Propongo una alegoría sobre la bondad y el liderazgo basada en la película “Babe, el cerdito valiente”. Sí, sí, una fábula sobre un cerdito que se convierte en pastor ovejero, emulando a un perro pastor. Lo curioso es cómo lo logra.
La Bondad es un valor “compilador”; según la IA se asocia a la integridad, el altruismo y la empatía. También a la cortesía o amabilidad, y tiene un alto impacto en el bienestar emocional.
El Liderazgo es un conjunto de habilidades y de valores propios de una persona que se ha cultivado a sí misma desde su dimensión constructiva, su pensamiento crítico y su propósito. Actúa como un imán para los demás, por su influencia y valor de ejemplo.
A menudo escucho a los directivos en mis sesiones la expresión “es que no me sirve” para referirse a un colaborador/a, por su discrepancia con su desempeño, actitud o comportamiento. Creo que es ahí precisamente donde comienza la tarea más productiva del líder: ser un mentor y desarrollar a los colaboradores.
A lo que iba, mis lágrimas viendo la peli “Babe, el cerdito valiente” son por la lección que nos deja Babe, el cerdito, sobre cómo consigue convertirse en un cerdito ovejero.
Cómo maneja la diversidad, las diferencias, los miedos y las decepciones desde su propósito, su compromiso, su talento, aprendiendo de sus mentores, la pareja de perros ovejeros, ¡cómo evoluciona en este rol!
En la película son los animales de la granja; en las organizaciones, son las personas.

Babe es un cerdito bondadoso, es decir, íntegro, auténtico, inteligente emocional y más aún relacional, amable y persistente. El granjero también lo es -aunque él no es consciente- y por eso le da una oportunidad al cerdito de convertirse en lo que quiere ser y hacer.
¿Cómo? Con toneladas de compresión y aceptación, de ¡Bondad!
Desde mi experiencia, es muy difícil lograr autoliderarnos y liderar a un equipo sin bondad.
Los sinónimos de bondad son: afabilidad, amabilidad, ternura, benevolencia, y ¡mansedumbre, docilidad! Ya lo dijo Platón, “Quien no es bueno sirviendo, no será bueno mandando”.
Por cierto, los antónimos de la bondad son la maldad, perversidad o malicia…
En tiempos tan atribulados como estos, donde tenemos como directivos mundiales a personas tan poco cultivadas como tóxicas, Babe, el cerdito valiente, puede ser una película para líderes que quieren aprender a serlo.
Te sugiero que te des la oportunidad para volver a verla y, hazte estas preguntas de reflexión:
- ¿Cómo está tu valor moral de la bondad integrado en tus pensamientos, sentimientos y acciones?
- ¿Cómo te sientes y qué impacto tienes cuando preguntas, contestas o pides con bondad?
- Tu propósito personal o profesional, ¿tiene adecuadamente integrada la bondad?
¡Más bondad y menos maldad para todo y para todos!
